capitulo 2: las barreras de la escucha activa

Barreras escucha activaDurante la entrevista pueden surgir las barreras de la escucha activa. Las barreras de la escucha activa impiden que nos concentremos en el proceso de la escucha, filtremos parte del mensaje o nos desconectemos de la comunicación.

Las principales barreras de la escucha activa son:

La falta de atención. En numerosas ocasiones, no prestamos la atención suficiente a nuestro interlocutor. Nos distraemos. Pensamos lo que vamos a decir en nuestra próxima intervención.

Pensamos entre 350 y 700 palabras por minuto, frente a las 130 y 150 que pronunciamos al hablar. Pensamos mucho más rápido que hablamos. Este desfase provoca distracciones en nuestra mente cuando escuchamos.

Todos tendemos a realizar el menor esfuerzo posible. La escucha activa requiere materializar un esfuerzo considerable para concentrarnos en la comunicación verbal y corporal de nuestro interlocutor. Por ello, mientras oímos puede aparecer un desgaste de energía, el cual provoca el agotamiento y una disminución en la atención.

El estrés, el cansancio y la fatiga actúan también como barreras de la escucha activa.

Cada día recibimos una gran cantidad de información proveniente de la radio, la televisión, la prensa escrita, internet, los correos electrónicos y las llamadas de teléfono. Ante tal saturación, establecemos filtros a dicha información.

La escucha selectiva es otra barrera significativa. Muchas veces sólo nos esforzamos ante temas que nos parecen interesantes o que nos gustan.

Otras de las principales barreras son los prejuicios, las nociones y las suposiciones preconcebidas. Escuchamos, vemos, sentimos las cosas según nuestra personalidad, nuestras emociones, nuestros juicios. Cuando alguien nos habla, pensamos en lo que nos quiere decir desde nuestra interpretación.

Las emociones y los sentimientos que tenemos antes de escuchar actúan igualmente como barreras. Las emociones pueden llegar a bloquear la escucha.

Las preocupaciones son importantes barreras. Algunas veces no oímos porque estamos preocupados.

El egocentrismo crea limitaciones para escuchar activamente. Empleamos más tiempo pensando en nosotros mismos, que en los demás.

Parte de nuestra memoria es volátil. Al cabo de unos veinte segundos olvidamos fragmentos del mensaje que hemos escuchado. Al finalizar la conversación retenemos la mitad del comunicado. A los dos días sólo recordamos una cuarta parte del discurso.

La emotividad reactiva es otra barrera. A veces nuestro interlocutor dice algo que percibimos como un ataque emocional. Surge entonces la emotividad reactiva, es decir, reaccionamos ante lo que consideramos agresiones emocionales. La consecuencia de la emotividad reactiva es nuestra retirada total de la escucha.

Hay una serie de elementos que forman parte de las barreras físicas que impiden que prestemos atención. Las barreras físicas más importantes son: el ruido, la falta de iluminación y el espacio reducido.


Un buen oyente identifica las barreras y se esfuerza en superarlas. Los principales consejos para superar las barreras de la escucha activa son:

* Procurar que se den las condiciones ambientales necesarias para mantener una comunicación efectiva. Evitar la presencia de ruidos. Y la iluminación debe ser suficiente.
* Presentar las condiciones físicas idóneas para poder escuchar activamente.
* Apartar de la mente las preocupaciones, los prejuicios, los estereotipos, las suposiciones preconcebidas y las emociones negativas.
* Incrementar la capacidad para prestar atención.